📍Día 3 en Venecia – Descubriendo Dorsoduro, Santo Polo, La Fenice ¡y paseo en góndola!

⏱4 minutos

Descubriendo Dorsoduro: un paseo entre arte, tradición y panorámicas únicas

Nuestro recorrido por el sestiere de Dorsoduro comenzó cruzando el Puente della Accademia, uno de los más emblemáticos de Venecia y un lugar perfecto para detenerse un instante: desde lo alto, el Gran Canal se abre, majestuoso, enmarcado por palacios históricos. Nada más cruzarlo, nos encontramos con la elegante fachada del Palazzo Franchetti, un edificio neogótico que hoy acoge exposiciones y eventos culturales.

Seguimos nuestro camino adentrándonos en las tranquilas calles del barrio hasta alcanzar la amplia y luminosa zona de Zattere, uno de los paseos más grandes de la ciudad, gran muelle (fondamento), que bordea la orilla sur de Dorsoduro junto al Canal de la Giudecca. Esta avenida es ideal para caminar sin prisas, disfrutar de la brisa y sentarse en alguna terraza con vistas al agua.

Lungomare, Venecia

En el camino nos detuvimos en la Iglesia de Santa Maria del Rosario, más conocida como Gesuati. Su interior barroco sorprende con frescos de Tiepolo y un ambiente más tranquilo que contrasta con el bullicio de otras iglesias más conocidas.

Muy cerca de allí descubrimos el Squero di San Trovaso, uno de los últimos astilleros tradicionales que data del siglo XVII y en el que todavía se construyen y reparan góndolas.

uno de los astilleros antiguos de Venecia

Un icono de fe y arquitectura en Venecia

Continuamos nuestro paseo hasta llegar a dos joyas imprescindibles de Venecia: la Basílica de Santa Maria della Salute, con su impresionante cúpula dominando la entrada del Gran Canal

Basílica de la Salute

(recuerda que debemos entrar con los hombros y rodillas cubiertos, como en todas los edificios religiosos de Venecia)

y Punta della Dogana, el extremo triangular de Dorsoduro. Aquí, donde el Gran Canal se encuentra con el de la Giudecca, se alza la antigua aduana marítima, coronada por la famosa escultura dorada de la fortuna, hoy convertida en museo de arte contemporáneo.

El lugar es también uno de los mejores miradores de la ciudad: desde la Punta, la vista se abre hacia San Marcos, el Palazzo Ducale y la laguna, un panorama inolvidable para cerrar nuestro recorrido por Dorsoduro.

Vista panorámica desde Punta Dogana, Venecia

Saboreando Rialto

Después de disfrutar de las vistas en la Punta della Dogana, tomamos un traghetto para cruzar hacia la otra orilla y adentrarnos en el corazón de San Marco. Navegar en estas embarcaciones tradicionales es una experiencia breve pero muy auténtica, y económica (2€/persona), que además permite ahorrar tiempo en los traslados entre barrios.Nuestro paseo continuó hasta el sestieri San Polo, llegamos al Puente de Rialto, donde habíamos reservado mesa en la terraza del Café Saraceno. El lugar nos encantó: una decoración cuidada y un ambiente elegante que acompañaba perfectamente a la comida. Pero lo mejor, sin duda, fueron las vistas directas al Gran Canal y al Puente de Rialto, un marco incomparable para saborear la gastronomía veneciana con calma.

El teatro veneciano que renace una y otra vez

Con las energías recargadas, nos adentramos de nuevo en las callejuelas de Venecia en dirección a nuestra siguiente visita: el Teatro La Fenice ➡️ puedes reservar el tour aquí. Este histórico teatro, uno de los más famosos de Europa, ha renacido varias veces de las llamas y hoy deslumbra con su interior dorado y majestuoso. Teníamos la entrada reservada con antelación, lo que nos permitió disfrutar de una visita sin esperas y descubrir tanto su historia como sus salas, que siguen acogiendo óperas y conciertos de primer nivel.

Callejuelas e iglesias imponentes

Tras la visita al majestuoso Teatro La Fenice, seguimos recorriendo las callejuelas venecianas, dejándonos llevar sin rumbo fijo. A cada paso nos íbamos enamorando un poco más de la ciudad: balcones floridos, plazas escondidas, fachadas que parecían sacadas de un cuadro y rincones absolutamente fotogénicos que invitaban a detenerse a fotografiarlos. En nuestro paseo llegamos hasta la Iglesia de San Moisè, un templo de estilo barroco cuya fachada recargada y espectacular llama la atención desde lejos.

La ciudad flotante cómo nunca la había visto

Después de visitarla, decidimos darnos un capricho muy especial: un paseo privado en góndola. El precio fue de 90 euros, y durante unos 30 minutos nos adentramos en los estrechos canales de Venecia, navegando por rincones ocultos a los que solo se puede acceder navegando.

PASEANDO EN GÓNDOLA POR LOS CANALES ESTRECHOS DE VENECIA

Poco a poco, el recorrido nos llevó hasta el Gran Canal, donde la vista de los palacios reflejándose en el agua nos regaló uno de los momentos más memorables del viaje. Fue una experiencia única e inolvidable que disfrutamos intensamente.

PASEANDO EN GÓNDOLA POR EL GRAN CANAL

Un último vistazo a la belleza que nunca olvidaremos

Con esta experiencia pusimos el broche final a nuestros tres días en Venecia. Es cierto que aún quedaron muchos lugares por descubrir, pero siempre pensamos que es mejor ver poco y bien, que mucho y a toda prisa, y además con un peque.

Venecia es una ciudad que merece ser saboreada con calma, y así lo hicimos. Así también tenemos una excusa para volver y poder visitar los lugares que han quedado pendientes. Al día siguiente nos esperaba una nueva aventura: embarcarnos en un crucero por el mar Adriático, listos para seguir sumando recuerdos en otros destinos, pero con Venecia grabada para siempre en nuestra memoria.


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